“¡Asúmeme!”

Desde chiquita, mis amistades sabían que muchos de los relajos que le gustaban a la gente de mi edad, eran para mí una invitación a una perorata en la que yo mencionaría “el patriarcado”, como mínimo, 4 o 5 veces. Desde ese entonces, para evitar esas conversaciones tediosas, mis amistades casi siempre deciden no comentarme sobre cosas “de la gente joven” y llevar la fiesta en paz.  Mi hermana mayor, Sara, es todo lo contrario. Todos los memes, audios y bufeos que mis amistades me ocultan, Sara me los recopila con esmero, y se sienta conmigo para, con gran anticipación y emoción, ver cuando a mí me den todos los yeyos juntos.

Tal fue el caso de un audio que se esparció como pólvora a principios de noviembre, el cual titularemos “¡Asúmeme!”. En el mismo, una joven interpela a su pareja y le reclama, de manera resumida, que él tiene que otorgarle un monto económico para poder salir con ella.

La joven expresa: “A mí no me gusta el hombre mezquino; yo no soy mujer de 500 ni 300 pesos. Tú ves como yo visto, blinda’ de marca, de arriba abajo hasta los dientes. Pa’ tu llegarme a mí, tú tienes que manifestarte. Porque tú estás viendo la calidad de mujer con quien tu ‘ta bregando. Ahora, si tú quieres una mujer barata, ya tú sabes donde tú la puedes conseguir. Yo necesito que tú me des dinero; que me asumas económicamente. Yo no tengo problema en estar contigo, mi amor. Porque tú me gustas. Ahora bien, ¡asúmeme! Demuéstrame que tu mujer no va a pasar trabajo en la calle. Pero no quieras disfrutar sin asumir que no me gusta la mezquindad”.

Lo que se cae de la mata es que esto es prostitución, simple y llanamente. Pero yo dudo que la joven se asuma a sí misma como una mujer prostituida. Algunas personas que me conocen saben que soy investigadora y que mi tema es la construcción de las masculinidades de hombres prostituidores. Me cuentan que, en República Dominicana, especialmente en las niñas y adolescentes, está muy arraigada la idea del “sexo transaccional”. Es decir, algo que se escapa de nuestra conceptualización del sistema prostitucional pero que conlleva algunas de sus características más importantes.

De hecho, la joven del audio no está sola. Un estudio sobre el matrimonio infantil de la organización Plan Internacional revelo que, de la niñas y adolescentes encuestadas, un 36% afirmo “acceder a tener relaciones con hombres adultos a cambio de dinero, pagar cuentas u obsequio de regalos (celulares, recargas, ropas, computadoras, otros)”. El tema no es broma: entonces, ¿es “la asunción”, o el “sexo transaccional”, una forma de prostitución? ¿Por qué si o por qué no? Pondérelo.

El análisis feminista de esta situación seria que a las mujeres y niñas nos enseñan a vernos como objetos y que ese mensaje lo interiorizamos desde pequeñas. También analizaría que, en una sociedad machista, donde se exalta las mujeres que más se acatan a los preceptos de la femineidad (una construcción sexista), no es sorpresa que muchas mujeres idolatren ese modelo de percepción en el que se ven a sí mismas como un proyecto en constante construcción y reconstrucción estética. Otro de los enfoques sería que las mujeres somos socializadas a profesiones donde el salario es más bajo que el de los hombres (1), que incluso en estas profesiones las mujeres en general ganamos menos que ellos (2), y que, en ese contexto, somos socializadas a entender que nuestra mejor moneda de cambio es nuestra sexualidad (3) la cual podemos utilizar, según enseñanzas del patriarcado, para conseguir cosas de los hombres.

Pero, aparte de este análisis, yo me pregunto: ¿Cuál es la alternativa? ¿Las relaciones sexuales exclusivamente dentro del matrimonio, donde también se da mucho eso del “sexo transaccional”? A los hombres los socializamos para que entiendan que su sexualidad les pertenece a ellos y existe, primordialmente, para el disfrute de ellos mismos, mientras que a las mujeres nos enseñan que nuestra sexualidad se dispendia y existe para el disfrute de otros. Este modelo es dañino, por un sinnúmero de razones. La más importante para mí es que contribuye a la cosificación de las mujeres ante los ojos de los hombres (lo cual es extremadamente peligroso) y también a la cosificación de nosotras mismas (que también nos hace daño).

Si somos honestas, hay una disonancia: no podemos decirles a los hombres que no somos un objeto que le pertenecemos, si algunas de nosotras les estamos pidiéndole a los hombres “que se manifiesten y nos asuman”.  Esto no justifica las acciones de los hombres, pero si legitima en sus cabezas la idea de que las mujeres somos una posesión más y esa idea hay que desincentivarla a toda costa.

Lo que verdaderamente hay que asumir en la sociedad dominicana es otra visión de la sexualidad de la mujer. Pero ya de eso hablaremos en otros artículos.

 

 

El articulo original salio publicado en el periodico dominicano El Caribe:

http://www.elcaribe.com.do/2017/11/15/asumeme/

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