¡Active su botón de pánico, caballero!

Yo he tenido un botón de pánico. Era chiquito, como un collar,  y me lo colgaba de noche en el cuello. Hace unos años trabajé  en una casa de acogida para mujeres que escapaban de  violencia machista en Alaska.  Me tocaba la tanda de 12 am a 8 am. Mis tareas incluían atender a las inquilinas en lo que necesitasen, dar ingreso a las que llegaban de noche, hacer rondas periódicas de seguridad, cocinar los platos principales del otro dia y atender la línea de emergencia que operaba en la misma casa de acogida.

Era mi tanda favorita: durante el día siempre hay ajetreo y varias trabajadoras haciendo tareas similares. En la noche sólo quedan las mujeres noctámbulas, como yo. El ambiente es más propicio para escucharlas y ofrecerles  apoyo individual.  Muchas mujeres llamaban de noche a la línea de emergencia. Algunas no habían dejado sus maridos todavía, pero llamaban porque querían apoyo emocional y logistico en su proceso, previo a ese paso decisivo.

Mi trabajo era escuchar y validar sus opiniones ante las insidiosas inseguridades que fomenta la violencia contra la mujer, pero nunca tomar ninguna decisión por ellas. Yo simplemente podía ofrecerles opciones y hacer preguntas que pudieran servirles de guía, nunca decirle a una mujer qué hacer, porque las decisiones tienen que salir de ellas. Si no salen de ellas, no van a ser sostenibles. En la República Dominicana, cabe destacar, las líneas de emergencia funcionan con otra filosofía ya que el nivel de riesgo es mucho más elevado.

La casa de acogida en Alaska era bastante grande: tenía dos pisos más un sótano y quedaba un poco aislada entre muchos árboles en la tundra. Contrario a las casas de acogida en República Dominicana, que son y deben mantenerse estrictamente confidenciales, aquella era pública: todo el mundo sabía dónde quedaba, porque comparativamente el nivel de riesgo es menor. No teníamos un seguridad que trabajara las 24 horas, y por eso a la trabajadora de la noche le tocaba un botón de pánico que conectaba a la policía de Juneau, quienes estaban relativamente cerca y con quienes teníamos muy buenas relaciones.

El propósito del botón de pánico que yo utilizaba era que, en el caso poco probable de que un agresor penetrara en el recinto y yo lo detectara, inmediatamente lo activase, junto con otras medidas de seguridad, para proteger a las mujeres (junto con sus hijas e hijos) en lo que llegaba la policía. En ese contexto, tener ese botón de pánico en el cuello mientras yo hacía las rondas en esa casa de acogida tan grande, me daba una sensación de seguridad. También me sentía confiada sabiendo que la policía de Juneau estaba atenta de nosotras y que su tiempo de respuesta era muy rápido.

Yo pienso en eso cada vez que pasa un feminicidio y un distinguido comunicador dominicano, a quien llamaremos Pedro Elbombillo, escribe en Twitter #botondepanico al compartir la noticia. Recientemente mi incisivo amiguito escribió #botondepanico en una noticia sobre un hombre que mató a una mujer mientras ella amamantaba al bebe de ambos. Yo siempre me pregunto lo mismo, ¿qué quiere decir el caballero con este mensaje?

Este pasado 24 de diciembre, Esteban Peñaló, de 40 años, apuñaló a Elisabeth Figueroa Ortiz, de 18 años en Nagua. Según el  reportaje: “familiares de la víctima contaron que el hombre irrumpió en su residencia, preguntó por Elisabeth y sin autorización, entró a la habitación donde se encontraba con el niño de ambos y otro de cuatro, la mató de una puñalada en el pecho y luego huyó”.

¿Cómo hubiese ayudado a Elisabeth tener la aplicacion del botón de pánico en su celular, en esos momentos? Un hombre que entra a su casa a la fuerza, con un arma y dispuesto a matarle, ¿cómo hubiese ayudado? La familia de Elisabeth estaba ahí, que es incluso hasta más importante que confiar en una aplicacion electrónica para que envié una señal a un destacamento, quien sabe donde. En esa dinámica del feminicidio que cometió Esteban contra Elisabeth, ¿cómo hubiese ayudado un botón de pánico? No son preguntas retóricas: me interesa saber.

No argumento ni a favor ni en contra del botón de pánico como herramienta para combatir la violencia machista en la República Dominica. Pero es que yo no entiendo como funcionaria en sentido práctico tener un botón de pánico (como aplicacion en el celular ni fisico) en las relaciones de pareja, ni en las situaciones de violencia donde del agresor es un extraño.

Muchas veces, y dada las dinámicas del ciclo de la violencia, los agresores viven contigo, durmiendo en la misma cama. Resulta extremadamente dificil para una mujer determinar cuando ni como ocurrira el proximo episodio de violencia. ¿La idea es armar a todas las mujeres y niñas dominicanas para que anden con el dedo en la aplicacion del botón de pánico todos los días cuando van al trabajo, cuando preparan la cena y mientras tienen relaciones sexuales? ¿La idea es armar con un botón de pánico sólo a las mujeres en la etapa peligrosísima y crucial que representan los primeros meses luego de una separación? ¿El botón de pánico se les otorgaría sólo a las mujeres que pongan la querella ante el Ministerio Público?

¿Será que, en vez de trabajar la masculinidad de los hombres, preferimos criar a la mitad de la población para que esté en alerta constante de que puede ser asesinada en cualquier momento, muchas veces por hombres que ella conoce?

La violencia machista aquí es una epidemia. Los agresores pueden ser los novios, los vecinos, los compañeros de trabajo, el tíguere que te brecha… ¿Cuál es la idea? ¿Armar el 50% de la población para que ande preparada ante un ataque inminente? Y que no se nos olvide que no hay edad para la violencia. En el 2017, los hombres mataron desde bebés de tres meses,  hasta ancianas de 82 años. ¿Las armamos a todas, desde que nazcan con un #botóndepánico?

Yo no quisiera desincentivar la iniciativa de mi amiguito Pedro Elbomillo. Honestamente creo que nuestra sociedad necesita urgentemente más hombres como él; ingeniosos y perseverantes, que quieran ayudar a desterrar la violencia machista. Como explique, mis experiencias utilizando un botón de pánico han sido positivas, pero en nuestro contexto tengo muchísimas preguntas sin respuestas porque Pedro se rehúsa a mostrarme lo que él describe como “una política pública integral contra la violencia de género sustentada en los fundamentos del #liderazgoresponsable”.

Si es una política pública, entonces yo la quisiera analizar.

Verán, hasta el momento, esta amistad entre Pedro Elbombillo y yo es de una vía, porque él le rehúye a mis mensajes inquiriendo sobre su propuesta como el diablo a la cruz. Pero no se preocupen, que yo persistiré detrás de ese documento hasta que él se canse y decida entregármelo, para salir de mí, o prometo conseguirla de contrabando, porque esta política hay que analizarla con mucho detenimiento.

Basada en mis experiencias y conocimientos, yo argumento que la tecnología no es lo que va a acabar con la violencia contra las mujeres y niñas. Los únicos que tienen ese poder son los hombres mismos. Y como los hombres, pero particularmente los hombres  agresores, son más propensos a dejarse influenciar por los consejos de otros hombres, entonces   la responsabilidad de re-educar y transformar a los hombres violentos, recaerá sobre los hombros de los hombres que no lo son. No hay formula fácil: esa es la estrategia más efectiva.

El botón de pánico que acabará con la violencia no será ningun aparatico electrónico que cada mujer y niña lleve en el cuello o en su celular, sino el que cada hombre tiene en la cara: su boca. Así que, caballeros: ¡activen su botón de pánico! El poder de la voz de los hombres puede acabar la violencia contra las mujeres.

 

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